Manifiesto

Las imágenes de guerra inundan nuestras pantallas y el espacio público. Estas guerras que en Europa pensábamos lejanas, se filtran en nuestra vida diaria, se vuelven cada vez más cercanas mientras que en muchos lugares del mundo forman parte de la vida cotidiana.  Los discursos de odio que alimentan y participan en la construcción de esas violencias están presentes en nuestras redes sociales y en nuestras relaciones cotidianas. Se infiltran en nuestros barrios, en nuestras calles, en nuestros espacios de socialización y aprendizaje y se manifiestan bajo el rostro de la discriminación y de la exclusión de quienes vienen de otros lugares o transgreden las normas sociales para existir. Las guerras y los conflictos armados se multiplican en diversas regiones del mundo y, cuando hablan de paz, los dirigentes políticos en realidad buscan imponer un orden social pacificado por las armas. Las treguas y los acuerdos traen consigo esperanzas efímeras que no cuestionan las estructuras sociales productoras de violencia.

Frente a esta realidad, la paz se vuelve difusa y difícilmente alcanzable. Pero ¿la paz es acaso un estado que se alcanza? Y más aún, ¿la paz es contraria al conflicto? Pensamos que existen sentidos y prácticas plurales de paz y que son cotidianas. Hacen irrupción en medio de las guerras y los conflictos y permiten entrever dinámicas transformadoras, horizontes de sentido y futuros deseables. Estas paces plurales no se oponen al conflicto, pero lo transforman: sacan a la luz y cuestionan lo que las estructuras sociales opresivas ocultan. Confrontan también la escalada de la violencia y contribuyen a sostener la vida en medio de la guerra y el conflicto. Abren así espacios para tejer lazos a través de los cuales construir caminos más justos. Para identificar estas paces plurales seamos atentos, mirémonos los unos a los otros y apreciemos el poder de las pequeñas cosas y de los gestos cotidianos. Juntos, podemos sentarnos y conversar escuchando activamente la voz de quienes nos rodean para hacer de la palabra que usamos todos los días un acto que transforma e impacta nuestro día a día. Para hacer las paces podemos comenzar trabajando la palabra y la escucha. La paz más que un estado es un trabajo constante en el que interactúan vivencias múltiples y disonantes, un trabajo poblado de tensiones en diálogo.

Los y las invitamos a hacer parte de nuestras constelaciones por las paces plurales y les proponemos un recorrido hacia horizontes que parecen lejanos pero que no lo son realmente. Al contrario, las experiencias que encontrarán aquí son pistas para darle profundidad a la paz, y para imaginar juntos, representaciones más justas y productivas de esta palabra que a partir de ahora pensamos en plural.  

Les proponemos participar en la creación de constelaciones de paces plurales. Pensar las paces, como mirar las estrellas, requiere esfuerzo, sobre todo en los cielos de nuestras ciudades saturados por la luz y colonizados por satélites artificiales. Pero diversas sociedades a lo largo de la historia y hasta hoy han visto en las estrellas signos para orientarse y para imaginar mundos que se traducen en constelaciones. Crear constelaciones significa estar atentos a las conjunciones, a las relaciones posibles, a los imaginarios deseables. Crear constelaciones para las paces significa dar un paso al lado para luchar contra la indiferencia y el odio: para crear juntos, como lo hacen las estrellas, horizontes futuros.

La paz es un estado que se alcanza?

La paz es contraria al conflicto?