¡Imaginemos juntos!

Si hay una imagen recurrente cuando hablamos de paz es la de la paloma blanca. Las raíces de dicha asociación se asientan en la tradición judeocristiana, específicamente en el relato del Génesis sobre Noé y el diluvio. Una paloma regresa al arca con una rama de olivo anunciando la promesa de la salvación en un mundo renovado. Este simbolismo de la paloma ha trascendido el contexto bíblico para convertirse en un emblema universal de paz y reconciliación. Fue el artista Pablo Picasso quien jugó un papel crucial en la popularización de la paloma blanca como símbolo de paz. En 1949, con las heridas aún abiertas por la Segunda Guerra Mundial, Picasso presentó una litografía de una paloma durante el Congreso mundial de los partidarios de la paz celebrado en París. La imagen de la paloma de Picasso se difundió rápidamente, convirtiéndose en un ícono reconocido mundialmente y utilizado en numerosas manifestaciones y eventos pacifistas hasta la actualidad. En este espacio, queremos resaltar la paloma en su rol de mensajera, uniendo personas y lugares, creando redes de comunicación entre varios mundos. Ella nos acompañará en un recorrido interesado en explorar la noción de paz lejos de una visión unívoca y universal, y acercándonos más bien a la de paces, en plural. Paces que se sitúan en diversos territorios, que se relacionan con diversas epistemologías y que insisten en la mediación continúa de los conflictos incluso a través de pequeños gestos cotidianos que garantizan la continuidad de la vida, también en medio de la guerra.



















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